Responsabilidad Patrimonial por Desprendimiento de piedras y rocas
Concepto
El primero de los grupos de reclamaciones más frecuentes por deficiente estado de con¬servación de las carreteras está integrado por las deducidas en el caso de desprendimientos de piedras y tierras.
Las reclamaciones por desprendimientos de piedras y tierras son comunes. En casi todos los casos, los supuestos son similares: el usuario de una carretera, bien es alcanzado por unas piedras desprendidas a su paso, bien choca con piedras o tierras que se encuen¬tran en la calzada.
Durante muchos años, desde mediados de los sesenta hasta finales de los ochenta, la declaración de responsabilidad patrimonial de la Administración Pública ha sido casi automática en estos casos. El Consejo de Estado, primero y en cuanto hacedor de esta doctrina, y la jurisprudencia, después, entendieron -y así lo siguen haciendo- que la Administración tenía la obligación de mantener las vías abiertas al tráfico en condiciones seguridad y que éstas no se daban si existía algún obstáculo en la calzada. El resultado dañoso era pues imputable a los servicios de carreteras.
La claridad de la doctrina mencionada se ha visto, sin embargo, enturbiada desde 1988.
A partir de esa fecha, y recogiendo el parecer distinto del común, en ocasiones, se ha introducido un elemento diferente para declarar la responsabilidad patrimonial de la Administración Pública en estos casos: se exige que la roca o piedra desprendida lo sea de la propia carretera o de sus elementos auxiliares; del talud, de las zonas inmediatas protegidas por mallas, etc.
Obsérvese que la modificación operada es sustancial, por cuanto se restringe el ámbito de la responsabilidad pública y, aún incluso, se varía el título de imputación: en el cri¬terio clásico, la responsabilidad deriva de la "falta de seguridad en las condiciones de la vía", lo que se acredita con la caída y permanencia de un obstáculo en la calzada; en e piedras y tierras desprendidas en la calzada. El tenor de la ley excluye los supuestos de fuerza mayor. Por tal debe entenderse acontecimiento extraordinario, imprevisible y, cuando fuere previsible, irresistible: así se ha reputado tal la caída de piedras despren¬didas de un peñasco situado a más de quinientos metros de la vía o de las laderas leja¬nas circundantes de una carretera a resultas de lluvias declaradas catastróficas.
Y, no debe tampoco, y por último, dejar de señalarse que la Administración no queda exonerada de responder por el simple hecho de señalizar la posibilidad de que se pro¬duzcan desprendimientos.