HERENCIAS

     Puede ocurrir que, una persona al fallecer, lo haga habiendo otorgado testamento o sin haberlo hecho. Desde el punto de vista legal hay diferencias sustantivas, ya que cuando se fallece sin otorgar testamento, son las disposiciones legales las que suplen la voluntad del causante, para poder determinar, posteriormente, una vez conocidos los herederos legales, quienes son los destinatarios de la herencia.
     En tanto en cuanto la herencia no se acepta, la herencia se encuentra en un estado yacente, de ahí la denominación de “herencia yacente”.
     Sin embargo, una vez aceptada la herencia se procede a la distribución o reparto de la misma, concluyendo con la adjudicación; acto formal que debe otorgarse ante Notario. Aunque también se puede renunciar a la herencia, para lo que la Ley determina una serie de plazos y actuaciones que, claramente, significan el rechazo de aquello que constituye la herencia. Por omisión, legalmente se interpreta que cualquier heredero acepta la herencia sino manifiesta lo contrario.
     El proceso a seguir una vez fallece una persona es el siguiente:
  • Obtención del certificado de defunción.

  • Obtención del certificado del Registro de Últimas Voluntades.

  • Si hay testamento: obtención de una copia autorizada del testamente otorgado, en la Notaria que se hubiese hecho.

  • Si no hay testamento: hay que proceder a obtener la declaración de herederos legales.

  • Definida la condición de herederos según el caso, hay que inventariar los bienes del fallecido, lo que constituye el denominado “cuaderno particional”, o composición de la herencia.

  • Una vez efectuados los lotes de reparto, hay que efectuar la adjudicación de la herencia, mediante otorgamiento de escritura pública ante Notario.

  • Realizada la adjudicación de la herencia, hay que liquidar en la Agencia Tributaria que corresponda al domicilio del heredero, el Impuesto de Sucesiones, según sus circunstancias.

  • Finalmente, hay que presentar en los Registros públicos, principalmente el de la Propiedad, la nueva situación, para que se ocupen de actualizar la titularidad.
     Es preferible que estos trámites, se efectúen por un profesional de la Abogacía, porque dominamos estas situaciones y podemos evitar pérdidas de tiempo, conflictos entre herederos, y situaciones poco deseables. El coste de esa intervención se compensa con creces, en la eliminación de problemas colaterales.
      En ocasiones, entre los herederos no hay acuerdos sobre la distribución de la herencia, por lo que, a pesar de lazos próximos de consanguinidad, se plantean conflictos muy complejos. En estos casos se justifica con mayor necesidad de la presencia de un profesional que oriente y conduzca las actuaciones a seguir, porque en ocasiones hay que judicializar el problema, ante la imposibilidad de soluciones amistosas, como sería deseable.
     Nuestra experiencia nos permite aconsejar sobre lo más conveniente, según que caso, por lo que ofrecemos nuestros servicios en esta área, para posibilitarle una ayuda a los frecuentes problemas que se plantean sobre las situaciones sucesorias. No dude en consultarnos, estamos seguros de poder atenderle.