INCAPACITACIONES

     Hoy en día, debido al aumento en la esperanza de vida de las personas, los procesos de incapacitación son algo cada vez más frecuentes y que tienen más importancia en la realidad social. Si antes estos procesos estaban limitados a personas con enfermedades mentales, ahora lo habitual es que se utilice en casos de demencias seniles o de alzehimer. La demencia senil supone ya el 80 por ciento de las sentencias de incapacitación que llegan a los tribunales en el año 2.007.
     En este tipo de procesos, normalmente, se busca un doble objetivo: el primero y principal es que se declare la incapacidad, total o parcial según los casos, del enfermo y su sometimiento a un régimen de guarda que podrá ser una tutela o curatela en función de su gravedad; segundo es asignar a una persona que como tutor o curador asuma la guarda de la persona y, en ocasiones, los bienes del enfermo.
     El tutor asume y sustituye la voluntad del enfermo que la pierde por completo, el curador complementa la voluntad del enfermo.
     Por supuesto, todo esto debe de hacerse en un proceso judicial en el que el Juez debe de ver a la persona del enfermo y a sus familiares más próximos.
     La persona que sea designada como guardadora, tutor o curador, asume una serie de obligaciones según los casos siendo una de las más características la de formar el inventario y rendir cuentas anualmente al Juzgado.